Revista de Ciutadans de Catalunya

Crónicas de Angelita...

 

20/11/07 · Crónica4
4. Reflexiones de una emigrante española en Francia
Traducción Alex Mestre

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Los lugares de culto se multiplicaron. Iban a buscar a los jóvenes africanos a sus casas, en nombre de un Islam que pretendía parecer moderno sin nada que envidiar a Occidente: los mejores ordenadores portátiles, relojes Cartier, zapatillas deportivas de marca, etc. Los cuatro dirigentes islamistas de mi barrio parecían auténticos hombres de negocios provenientes de los países del Golfo. Rondaban la treintena, máximo los cuarenta, y su mirada era sombría y expresaba determinación. Sus cuatro mujeres, enteramente vestidas de negro, llevaban el burka como en Afganistán. Llegaban a diario a la mezquita en dos automóviles con ventanas oscurecidas y tapicería de cuero. Les observé cada viernes por la tarde durante mucho tiempo, mientras sacaba a pasear a mi perro. Mi barrio cambió rápidamente y se sumergió de lleno, a partir del 2.000, en un furor revanchista atizado por las proclamas de Al Qaida y la guerra palestino – israelí.

En los colegios y en los liceos de las barriadas la tensión aumentó. Cada vez eran más las jóvenes que lucían velo y cada vez más agresivos los jóvenes islamistas. Se insultaba a los occidentales que osaban vestir jeans ajustados o faldas demasiado cortas. Se liaban a palos y a botellazos con los judíos. Contestaban violentamente a los profesores de Historia o Filosofía que intentaban abordar ciertos temas, como el caso de la Shoah durante la Segunda Guerra Mundial, la creación del mundo o el conocimiento de las otras dos religiones monoteístas. Todo se volvía tabú.

Ciertos padres reaccionaron cambiando de centro educativo a sus hijos arguyendo malos tratos por parte de sus compañeros. Tuve que hacer lo mismo con mi hija. ¡Increíble! Fueron sus propias compañeras de clase magrebíes, las que habían estado de pequeñas en nuestra casa, quienes más se cebaron con ella. Desde el momento en que las niñas tenían la regla ya no debían hablar con chicos y menos bromear con ellos. Mi hija, de doce años y medio, se convertía automáticamente en una chica de mala vida (las madres musulmanas se lo recordaban sin reparos cuando se la encontraban por la calle)  Adoctrinadas por sus padres, bajo la influencia islamista, las niñas trataban de imponer sus convicciones sobre el mundo a sus compañeras occidentales, y los niños, por  su parte, pegaban a la menor oposición.

Se le hacía un flaco favor a la escuela republicana y laica que anteriormente había salvado a tantos hijos de emigrantes de la miseria. Aquello me encolerizaba. Afortunadamente el gobierno legisló, y el velo, así como cualquier otro distintivo religioso, fue prohibido en la escuela laica francesa. A los musulmanes creyentes les quedó la alternativa de crear sus propias escuelas privadas, como siempre hicieron judíos y cristianos. Pero yo no dejaba de hacerme preguntas. ¿Por qué tanta violencia y odio entre esa juventud? ¿Por qué el resentimiento de los adultos musulmanes por los occidentales? ¿Por qué callaban siempre los moderados y los de antes? ¡Cuanto me hubiera gustado ver manifestarse a todos esos franco-magrebíes, musulmanes o no, contra los islamistas!