Crónicas de Angelita...
28/11/07 · Crónica5
5. Reflexiones de una emigrante española en Francia
Traducción Alex Mestre
Para mantener un semblante de unidad, que no correspondía ni mucho menos con la realidad del mundo islámico, los islamistas atizaban el rencor contra Occidente y contra aquellos de sus propios creyentes que ellos consideraban demasiado occidentalizados. Algunos de ellos estaban incluso amenazados de muerte. Pero nadie hacía nada. No había quien les parara los pies a los jóvenes islamistas. Los mayores del lugar callaban, pudiéndose leer en su mirada cierta tristeza, incomprensión y resentimiento ante los nuevos agitadores. ¿Por qué todos esos atentados gratuitos por todo el mundo? ¿En las cuatro esquinas del globo?
El Corán es un libro sagrado que exige no solamente la sumisión a Alá, si no también a la palabra del enviado de Dios, Mahoma. Su palabra contiene la verdad absoluta y nadie la puede contradecir. El Islam, contrariamente al Judaísmo o al Cristianismo, no ha llevado a cabo las reformas internas necesarias para separar lo religioso de lo político. Resiste a todo cambio encaminado a conseguir la autonomía espiritual del individuo. Su texto fundador fija un cierto orden del mundo, de lo religioso, de lo social y de lo político a lo cual no le cabe al individuo otra cosa que la sumisión a un orden divino que no pude cambiar. El Islam aún no ha encontrado a sus Reformadores, y aquellos que lo intentaron fueron asesinados.
Al intentar reducir el Islam a una simple creencia se olvida que desde sus orígenes hasta hoy en día sus teólogos y legisladores han querido hacer del Corán la Constitución legal de los pueblos árabes, y por extensión la de todos los pueblos de religión musulmana. Este Islam, confrontado a otras sociedades alejadas de su visión, aspira a crear un completo sistema social, ético y étnico para lograr la adhesión a su causa del mayor número de musulmanes.
Pienso en todos esos emigrantes magrebíes llegados a Francia al principio de los años 60 y en todos sus descendientes que en gran número supieron integrarse y para los que el Islam era más que nada un cúmulo de tradiciones, una invitación a reunirse y compartir. Ellos supieron como adaptar sus creencias a su nuevo modo de vida, ya que no fueron contaminados por el rencor y el odio que siguió a los diversos procesos de descolonización. Los llegados en 1974 gracias al reagrupamiento familiar impulsado por Valéry Giscard d´Estaign corrieron una suerte distinta. En ese momento el Magreb había experimentado ya una intensa arabización. Veían a una Francia rica con ánimo de revuelta, muchas veces de violencia El rechazo a Francia había sido interiorizado. Muchos de ellos hoy en día osan navegar con agrado por los sites islamistas. Francia se ha vuelto un país obsesionado por su inmigración musulmana (la mayoría magrebí o africana) especialmente por sus jóvenes parecen desear jugar con fuego.







